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Mi primera vez en el Festival FAR València: una experiencia con margen de mejora en accesibilidad

Anna osando en la plataforma reservada para personas con movilidad reducida (PMR) del Festival FAR, con el escenario principal al fondo instantes antes del concierto de Xoel López. La plataforma, situada junto a la torre de control de sonido, ofrece una buena visibilidad del escenario y está rodeada de público sobre una superficie de césped artificial. La imagen ilustra el espacio habilitado para seguir el concierto desde una zona accesible del recinto.

El verano es sinónimo de festivales y conciertos al aire libre. Para muchas personas son una cita imprescindible, pero para otras, especialmente para quienes tenemos una discapacidad, la primera pregunta no es quién actúa, sino si podremos disfrutar del evento en igualdad de condiciones.

Este año acudí por primera vez al Festival FAR de València para asistir al concierto de Xoel López. Más allá de la música, quise vivir la experiencia completa desde la perspectiva de la accesibilidad. Porque un festival inclusivo no se mide únicamente por tener una plataforma para personas con movilidad reducida; se mide por la libertad con la que cualquier persona puede disfrutar de cada momento del evento, desde que entra al recinto hasta que vuelve a casa.

Un acceso que empieza con buena rueda

Nada más llegar encontré una entrada específica para personas con movilidad reducida (PMR), lo que facilitó el acceso al recinto y evitó esperas innecesarias. Es un detalle que puede parecer menor, pero demuestra que la organización ha tenido en cuenta las necesidades de una parte del público desde el primer momento.

Vista de la zona de restauración del Festival FAR. En primer plano se observa un amplio espacio asfaltado que da acceso a varios food trucks y barras de bebidas situados sobre una plataforma pavimentada con un pequeño desnivel respecto al vial. A la derecha hay una zona de césped y varias personas haciendo cola o caminando entre los puestos. La imagen ilustra el entorno donde se encontraban los espacios de restauración,

La restauración y el merchandising, una oportunidad de mejora

La primera barrera apareció en la zona de restauración. Aunque la oferta gastronómica era variada, el espacio no resultaba especialmente accesible para pedir una consumición con autonomía. Lo mismo sucedía con el puesto de merchandising, donde la disposición del espacio dificultaba el acceso.

La accesibilidad no consiste únicamente en eliminar escalones. También implica que una persona pueda desenvolverse de manera independiente durante toda la experiencia del festival, sin necesitar ayuda para acciones tan cotidianas como comprar una bebida o una camiseta del artista.

Vista general de la zona de conciertos del Festival FAR. En primer plano se observa la plataforma reservada para personas con movilidad reducida (PMR), elevada sobre el césped artificial y equipada con sillas blancas. Al fondo aparece el escenario principal con la imagen del festival y, junto a la plataforma, la señalización de acceso PMR. La fotografía muestra la ubicación de este espacio, situado junto a la torre de control de sonido, con buena visibilidad del escenario y un acceso específico para las personas usuarias.

La plataforma PMR mejora, pero aún puede dar un paso más

Una vez dentro de la zona de conciertos encontré la plataforma reservada para personas con movilidad reducida, situada junto a la torre de control de sonido y detrás de los técnicos. Desde allí la visibilidad del escenario era buena y, además, había un baño portátil accesible muy próximo.

Hablando con asistentes habituales del festival, supe que la ubicación ha mejorado respecto a la edición anterior, cuando la plataforma estaba situada mucho más alejada del escenario, junto a la zona de La Marina. Desconozco si el cambio responde a una decisión organizativa o a las sugerencias trasladadas por el público, pero supone un avance evidente en la experiencia de las personas usuarias.

Sin embargo, durante la conversación con otra asistente surgió una reivindicación que se repite con frecuencia entre el colectivo: la necesidad de ampliar el número de acompañantes que pueden acceder a la plataforma PMR.

Porque la inclusión no consiste solo en poder asistir al concierto. También consiste en poder compartirlo.

Muchas personas con discapacidad acuden a los festivales en grupo y se ven obligadas a elegir qué amigo, familiar o pareja puede acompañarlas a la plataforma. Poder disfrutar de la música con varias personas, como hace cualquier otro asistente, sigue siendo una asignatura pendiente en muchos eventos.

La accesibilidad va mucho más allá de la movilidad

Quizá la mayor reflexión que me dejó el festival fue comprobar que seguimos asociando la accesibilidad casi exclusivamente a la movilidad reducida.

Eché en falta recursos para personas con discapacidad auditiva, como interpretación en lengua de signos adaptada al ámbito musical o videopantallas subtituladas que facilitaran el seguimiento del concierto.

Tampoco encontré medidas específicas dirigidas a personas con discapacidad visual.

Cuando hablamos de festivales inclusivos debemos pensar en todas las discapacidades y no únicamente en eliminar barreras físicas.

Todo lo Que Merezcas – música y letra de Xoel López

Xoel López: cuando la música habla por sí sola

Mi visita al FAR tenía un motivo claro: ver actuar a Xoel López.

El concierto comenzó con puntualidad y se prolongó durante aproximadamente una hora y media, en la que el artista interpretó cerca de veinte canciones. El repertorio permitió recorrer distintas etapas y registros de su trayectoria, alternando temas de carácter más introspectivo con otros de mayor energía. Sonaron canciones como «Todo lo que te merezcas», «Ningún hombre, ningún lugar», «Cupido (muerte al amor romántico)», «Mundo flotante», «Tronco y raíz», «Tierra», «Elevarte, caer» o «Campos de castillo para siempre». También hubo espacio para temas especialmente celebrados por el público, como «Lodo» o «Tigre de Bengala», en los que se percibió una conexión especial entre el artista y los asistentes.

Más allá del repertorio, hubo algo especialmente satisfactorio: durante hora y media pude olvidarme de la logística, las barreras y la planificación que conlleva asistir a un festival siendo usuaria de silla de ruedas y centrarme únicamente en disfrutar de la música. Al fin y al cabo, eso es lo que cualquier persona espera cuando compra una entrada para un concierto.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la evolución del sonido a lo largo de la actuación. Durante las primeras canciones, la mezcla todavía parecía estar ajustándose, pero fue ganando claridad y equilibrio progresivamente. Conforme avanzó el concierto, la voz de Xoel López, los instrumentos de la banda y los recursos audiovisuales consiguieron integrarse de una manera armónica.

Los efectos visuales acompañaban las canciones sin competir con la música ni convertirse en el centro del espectáculo. Desde mi experiencia, tampoco resultaron especialmente invasivos para personas con discapacidad neurológica o con sensibilidad a determinados estímulos. Este equilibrio demuestra que una puesta en escena puede ser atractiva sin necesidad de recurrir a efectos excesivos.

El concierto estuvo muy bien construido en cuanto a ritmo. Las canciones más íntimas daban paso a otras de mayor intensidad, manteniendo el interés del público de principio a fin.

Cuando llegaron los temas, entre ellos ,«Glaciar» y «Tigre de Bengala», tuve la sensación de que aún quedaban muchas canciones por escuchar.

Y esa, probablemente, sea una de las mejores valoraciones que puede hacerse de un concierto: me dejó con ganas de más.

La inclusión también está detrás del escenario

Hay una pregunta que suelo hacerme cada vez que asisto a un gran evento cultural: ¿hay personas con discapacidad trabajando aquí? No como parte de una campaña de imagen o una acción puntual, sino formando parte del equipo con absoluta normalidad.

La respuesta, casi siempre, no la tengo.

Por eso me alegró especialmente descubrir que, entre el equipo de TS Audiovisuales, responsable de la producción técnica del festival, trabajaba un profesional con acondroplasia.

No ocupaba un lugar simbólico.

No estaba allí para representar a nadie.

Simplemente estaba haciendo su trabajo.

Y precisamente esa normalidad convierte la escena en un ejemplo de inclusión real.

Ver a una persona con discapacidad desempeñando una función técnica especializada en un gran festival lanza un mensaje muy potente: la discapacidad no limita la capacidad profesional ni el talento.

En una industria donde todavía encontramos muy pocos referentes con discapacidad, especialmente en perfiles técnicos, esta imagen vale más que muchos discursos.

Ojalá pueda entrevistarle próximamente para esta sección y conocer su trayectoria. Uno de mis objetivos es precisamente dar visibilidad a profesionales —con y sin discapacidad— que contribuyen a construir una industria musical más diversa, accesible e inclusiva. Porque la inclusión no consiste en destacar la discapacidad de una persona, sino en reconocer su trabajo y su talento en igualdad de condiciones.

El espacio VIP también debe ser accesible

Desde la plataforma PMR podía verse claramente la zona VIP del festival, patrocinada por CaixaBank. Sin embargo, comprobé que este espacio no era accesible para personas con movilidad reducida.

La accesibilidad no puede depender del tipo de entrada que se tenga. Todos los espacios que forman parte de un evento deberían diseñarse para que cualquier persona pueda utilizarlos en igualdad de condiciones.

Buen sabor de boca

Mi primera experiencia en el Festival FAR me deja un buen sabor de boca.

Me han confirmado avances que demuestran que la accesibilidad empieza a formar parte de la organización de los grandes eventos culturales. Pero también confirma que la inclusión no termina cuando se instala una plataforma PMR.

Queda camino por recorrer para incorporar medidas dirigidas a personas con discapacidad auditiva y visual, revisar espacios como la zona VIP, mejorar la accesibilidad de la restauración y del merchandising o permitir que quienes utilizan la plataforma PMR puedan compartir la experiencia con más de un acompañante.

La verdadera accesibilidad consiste en que cualquier persona pueda comprar una entrada, acceder al recinto, pedir una bebida, disfrutar del concierto con sus amistades, utilizar todos los espacios del festival y volver a casa con el único recuerdo de la música.

Porque cuando eso ocurre, deja de hablarse de accesibilidad para hablar, simplemente, de igualdad.